Alma y cuerpo

A medida que escribo los relatos, esos que sí, todavía no publico… me pregunto si quizás abrirme un poco más es una forma de despedida lenta y agónica. ¿Será acaso la crónica de la muerte anunciada de Rufina? ¿O una simple e ingenua introducción a cómo fue su creación?


No es que quiera dejarla. Pero inevitablemente algo ha terminado de romperse, quebrarse, o quizás simplemente transformarse. Porque si la mato, ¿dónde iría a parar esa pulsión de A., esa pulsión de muerte y vida que canaliza a través de Rufina?


Es quizás el momento de que A. quede lejos, otra vez. De abrazarla en silencio, en la desesperanza de su existencia. Y así, una vez más, que Rufina habite el mundo y A., solo la soledad.


¿Saben lo que es no reconocer a quienes aman, aunque sea por un instante, ahí, frente a ustedes? ¿Saben lo que es volverse una extraña en el propio cuerpo?


Es la realidad más cruda, la irrealidad. Pero, si lo pienso bien, quizás también la más sincera.


Y si quienes más amamos son quienes más nos dañan, es que tal vez tan loca no estaba.


TLP. Trastorno límite de la personalidad. Eso esconden la gentileza de mi alma, mi sonrisa amable, el brillo de mis ojos… El desamparo de mi alma en soledad.


¿Trastorno? ¿Límite de qué? Entre la neurosis y la psicosis, me dijeron. En mí, no soportar el dolor de la existencia al punto de buscar sensaciones físicas tan intensas que me devuelvan el alma al cuerpo.


El sexo. En mí, el sexo. Entregarme a la violación consentida —y cuidada— con extraños.


¿Qué sería de A. sin Rufina?


Tal vez desnudar cada vez más a A. en textos sea una forma de dejarla vivir solo en textos. Que sienta, solo en textos. Que la conozcan, solo en textos. Pero que nunca, nunca más, se deslice un rastro de su humanidad en los espacios donde habita Rufina.


Podrán así ir conociendo más acerca de A. Y, aun así, tenerla cada vez más lejos.


Y que los extraños sean siempre extraños, la realidad siempre irreal, lo desconocido, lúcidamente desconocido.


Y el sexo, ay, el sexo… En el sexo quizás sí vean los demonios que habitan en A. Mas no su humanidad.