El vacío
Dijeron que era la última vez.
También lo dijeron
la vez anterior.
Mi mente,
entrenada al sufrimiento,
tuvo piedad de su dolor.
¿Quién tuvo piedad de mí?
“Tenés que enojarte.
Enojate porque te están lastimando”,
me dijeron.
Y esas palabras
resonaron
en el vacío.
Ya no hay enojo.
A. ha muerto.
El personaje volvió a tomar el control.
Sentir
volvió a estar blindado.
El alma adormecida.
Palabras
sin fuerza.
La vida volvió a valer
lo que vale una hora.
No sobrestimen
mi deseo de aferrarme a la vida.
Somos de nuevo
mi soledad
y yo.
Sonrisas
como mercancía.
El brillo en la mirada
es de alquiler.
Ya no hay miedo.
¿Quién querría aferrarse a la vida
sin la ilusión
de un gran amor?