La caída
¿Cuánta alegría puede ser vivida sin volver a caer
en la profunda quietud?
En esa huida a las profundidades que se abren
cuando los ojos se cierran.
¿Qué tan profundo puede caerse?
Cuanto más alto nos hemos despistado en elevarnos,
más despiadada será la caída.
Sentir debió quedar blindado.
Ahora queda soportar el peso del sueño,
con la esperanza de que allí se reparen
las memorias del alma,
olvidar la alegría desmesurada,
hasta llegar a creer
que fue solo un sueño.
¿No fue acaso solo un sueño?
Ya casi me convenzo de que sí.