La demencia
¿Cuánto puede uno sostener la humillación
y decir: voy a fingir demencia,
sin caer realmente
en la desgracia de la demencia?
La delgada línea entre fingir
y perder la cordura.
Entre soportar y resistir,
entre quebrarse y corromperse.
Cada vez más.
¿Hasta dónde?
¿Hasta cuánto soportan
el alma, el cuerpo, la mente?
Una vez más, me perdí
para que no me pierdas.
Una vez más, mi psiquis se quebró
ante tu necesidad de control.
Me desborda la locura:
psicodelia, enojo,
me río, te humillo.
Es la ira.
Es el cansancio enfurecido.
Te rindes.
Me suplicas.
Porque sabes que no es nada,
comparado a lo que me has roto.
¿A qué precio?
¿A qué costo?
Hoy elijo perder
para no perderme.