La piedad
Pegas con tu puño la pared
para no darme en la cara.
Golpeas mis oídos con tu voz,
dura, enfurecida, amenazante.
Luego,
el ruido,
mutuo,
aturdido.
Te alimentas
de mi miedo,
de mi perdición.
Cuando tiemblo,
te calmas.
Yo enfurezco.
Me alimento
de tu miedo
a mi descontrol.
Luego,
el silencio,
mutuo,
ensordecido.
Te abrazo
en busca de refugio
para los dos.
Te abrazo,
pero no puedo
protegerte
de mi amor.
Y si me fuera lejos,
muy lejos,
donde no pudieras encontrarme…
si tan solo
me fuera.