Mi cuerpo,
antes mío,
antes fuerte,
se vuelve cada vez más frágil.
La balanza lleva la cuenta
de todo lo que voy perdiendo.
Carne,
hambre,
deseo,
vida.
Este cuerpo que ya no es mío.
Es tuyo.
El que quisiste quieto,
disponible,
a salvo de otros,
a salvo de nadie.
El que decidiste poseer
y aprendió a obedecer.
Suspendido en la espera,
en la ausencia.
En el miedo.
Este cuerpo antes mío,
ahora tuyo.